Foto: GEC
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La población tiene dos necesidades urgentes: salud y empleo. En paralelo, estamos ante una crisis política e institucional. Por un lado, tenemos que evitar que los contagios vuelvan a crecer; por otro, volver al diálogo y dejar los insultos y las agresiones. Si no tratamos de entendernos, perdemos todos, pues la vida no mejorará para nadie. Hoy más que nunca, el entorno que rodea a la economía es fundamental, pues no se crece ni se desarrolla en un vacío.

Para que el empleo aumente es necesario crecer. Y para crecer se requiere antes aumentar la inversión privada, pues esta representa el 80% de la inversión total. Sin embargo, ¿es suficiente el crecimiento? Claramente no. Lo que sucede es que el crecimiento es un medio, que puede servir para aumentar el bienestar. Y digo “puede” porque hay muchas economías que pueden atravesar por una fase de crecimiento, medido por los aumentos en el PBI, pero no desarrollar, es decir, aumentar la calidad de vida de la población. El crecimiento significa producir más, mientras que el desarrollo está vinculado con el bienestar.

Se requiere elevar la inversión privada. Negarlo es ponerse de espaldas a toda la evidencia histórica. También es fundamental tener instituciones creíbles, algo que, se observa, es difícil de lograr, pero indispensable.

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¿Por qué es necesario crecer? Porque es un paso intermedio para apuntar hacia el desarrollo. Existen dos razones por las que es necesario crecer: por un lado, si las empresas producen más, el Gobierno recauda más y, por lo tanto, aumenta la capacidad de gasto del Estado; por otro, genera empleo. Ya no podemos engañarnos: fue la caída del PBI de 2020 la que originó el aumento del desempleo. Y fue el mal funcionamiento del Estado, tanto antes como en 2020, que impidió que estemos preparados en salud y en educación para afrontar una situación como la vivida.

Entonces, ¿qué ocurre? En primer lugar, el hecho de que el Estado tenga dinero como consecuencia del crecimiento no significa que sepa cómo gastarlo; una de las grandes reformas ausentes en los primeros 20 años del siglo es la del Estado; en segundo lugar, los efectos de las políticas sociales no se ven en el corto plazo sino en el mediano y largo plazo, suponiendo que hayan estado bien diseñadas e implementadas y no alteradas por los nuevos gobiernos; en tercer lugar, existe un alto nivel de desigualdad, no solo de ingresos, sino también de oportunidades y regional; este último problema es una característica histórica de América Latina.

En cuarto lugar, el Estado no está garantizando un acceso a servicios básicos de calidad; educación y salud de alta calidad son centrales para sostener el crecimiento y cruciales para elevar el bienestar. En quinto lugar, la infraestructura es deficiente, en especial en la conexión entre sectores rurales y los mercados.

En sexto lugar, la corrupción en instituciones básicas, como el Poder Judicial. En séptimo lugar, el gran ausente es la reforma institucional. No pretendo ser más extenso en la lista, pero así no es posible desarrollar. Solo crecer no alcanza, aunque es indispensable para poder desarrollar.

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