[Opinión] Camila Bozzo: Una Asamblea inviable
[Opinión] Camila Bozzo: Una Asamblea inviable

Castillo dice que la actual Constitución lo tiene “atado de manos” pero, en toda democracia, las constituciones están precisamente para eso: fijar límites al poder político y conjurar cualquier atisbo de arbitrariedad de los gobernantes de turno. El día en que nuestra Constitución deje de cumplir esa función estaremos frente a una dictadura. 

Con su propuesta de convocar a una Asamblea Constituyente, Castillo revela o su desdén por el Estado de derecho y las normas que constriñen el ejercicio del poder o, en el mejor de los casos, su desconocimiento del orden constitucional. Nuestra Constitución no contempla la convocatoria a una Constituyente, para que eso suceda el Congreso tendría que modificar el artículo 206 del texto constitucional, a través de dos legislaturas y con 87 votos o, en su defecto, a través de una legislatura y con 66 votos, y posterior referéndum. Con la correlación de fuerzas actual es muy difícil que pueda siquiera acercarse a esa votación.

Pero más allá de la inviabilidad de la propuesta, tampoco se entiende a qué se refiere Castillo cuando dice que no puede “resolver los problemas” porque está “atado de manos”, porque Francke ya ha dicho que no necesitan cambios constitucionales para aplicar su agenda económica. ¿Se refiere acaso, como lo dijo hace unos días, a que necesita cambiar la Constitución para declarar a la salud y la educación como derechos fundamentales? El TC ya ha dicho en reiteradas sentencias que ambos sí constituyen derechos fundamentales. ¿A qué se refiere entonces? Lo responsable es que Castillo transparente sus intenciones y que negocie con las distintas fuerzas políticas representadas en el Congreso reformas parciales a la Constitución. A eso se comprometió cuando firmó la proclama ciudadana. 

Aferrarse a una propuesta inconstitucional y que, además, solo un tercio de la población respalda (Ipsos) es acentuar la polarización y perpetuar la incertidumbre en la que estamos sumergidos, e implica abrirse un frente peligroso en el Congreso.

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