Un hombre fue arrestado durante las manifestaciones contra el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel en La Habana. (Foto: Adalberto Roque / AFP)
Un hombre fue arrestado durante las manifestaciones contra el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel en La Habana. (Foto: Adalberto Roque / AFP)

Con su tuit sobre las manifestaciones en Cuba, Castillo nos demuestra que, al igual que todos los líderes populistas de la izquierda latinoamericana, ha decidido empuñar la tesis del bloqueo como justificación de las penurias que padece la isla. Y, peor aún, que ha decidido abstenerse de calificar al régimen como lo que es: una dictadura. En Cuba se detiene a periodistas. En Cuba, el aparato de inteligencia reprime a los disidentes y los reduce a la nada. En Cuba el régimen ha borrado los elementos de la memoria colectiva para reescribir la historia a su antojo. Pero, para Castillo, Cuba no es una dictadura.

Es una falacia atribuir la catástrofe económica y social de la isla al bloqueo. En primer lugar, lo que hay en realidad es un embargo por parte de Estados Unidos y no un bloqueo. El resto del mundo sigue comerciando con Cuba. De hecho, la isla tiene tratados bilaterales con decenas de países y España es, por ejemplo, su principal inversor y tercer socio comercial. La multiplicación de la pobreza en Cuba es, más bien, atribuible al régimen totalitario que ha sofocado cualquier iniciativa individual y que ha concentrado toda la actividad económica (no solo política) en manos de un Estado todopoderoso. En Cuba hay miles de empresas estatales que gestionan todas las esferas de la economía (agricultura, transporte, banca, comercio, hoteles) y el 50% lo hace a pérdida (Krauze, El Pueblo soy yo). Si Cuba ha sobrevivido, es porque ha recibido subsidios de la URSS (absorbía el 72% de todo el déficit cubano, según Krauze) y luego de Venezuela (hasta hace poco absorbía el 35%).

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Hace poco Raúl Castro emprendió reformas parciales a la economía, entre ellas despidos masivos de empleados estatales y promoción del autoempleo. Pero, por otro lado, se prohíbe que los graduados universitarios (médicos, arquitectos) ejerzan su profesión. Un médico puede trabajar de carpintero pero no ejercer. El mercado no ha podido absorber a los desempleados, la precarización de las condiciones sigue en aumento y con Díaz-Canel al parecer no habrá mayores reformas. Ojalá las protestas sean el inicio del fin de la tiranía más antigua y empobrecedora del continente.

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