(Foto: GEC)
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El 76% de peruanos no invertiría ahora en el país, según la encuesta de Ipsos publicada ayer por El Comercio. Esta cifra es sólo una confirmación de lo que ya sabíamos: Macroconsult proyecta que la inversión privada caerá 14% el próximo año y según el BCR las expectativas empresariales están en su nivel más bajo desde la crisis del 2008 y el 2009.

El nivel de incertidumbre y de desconfianza generalizada es atribuible exclusivamente a las desafortunadas decisiones del gobierno, a la cooptación del aparato público con personajes sin solvencia profesional ni moral, a las constantes contradicciones del presidente (Asamblea Constituyente, Camisea, actividad minera) y, más recientemente, a los claros indicios de corrupción que rodean al entorno presidencial y al mandatario mismo.

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Los motores del crecimiento económico y de la generación de empleo son el consumo y la inversión privada. Sin ellos un país no generaría riqueza, no progresaría materialmente, por más generosa que sea la inversión pública (de hecho, el gobierno está desplegando un paquete de gasto que incluye programas de empleo temporal, ejecución de proyectos de inversión pública, bonos). La inversión privada no crecerá si es que no existe un entorno que ofrezca seguridad jurídica y estabilidad y, hasta el momento, este gobierno no ha estado en capacidad de ofrecer esas condiciones.

Si es que el presidente no asume el liderazgo que su alta investidura le exige y si es que este gobierno no da un giro radical en su manera de gestionar el país la inversión privada no se recuperará, el consumo privado (que este año ha crecido porque venía contenido de los meses de pandemia) se contraerá y, a la postre, el empleo retrocederá. Entonces, la reactivación económica habrá sido un mero espejismo, un espasmo pospandémico.

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