(Foto: Archivo/difusión)
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Cuando estaba en la universidad, todos los días, religiosamente, compraba este diario. Era, más que todo, por el crucigrama, pero, aun así, me permitió leer las letras de varios columnistas de esa época. Una de ellas era la refinada Frieda Holler, que, en su espacio, Ese dedo meñique, intentaba educar al público sobre etiqueta y buenos modales.

En esa misma línea (y sin ninguna autoridad en el tema), hoy me atrevo a hacer lo mismo, aunque actualizando los consejos para espacios digitales, en los que hoy compartimos tanto tiempo.

Enviar mala info: No pensamos en la información como una dieta, pero la realidad es que lo que consumimos nos afecta. Un menú pobre de contenido nos puede llenar de ansiedad, mal humor o cinismo. Por eso, declaro de mala educación el envío desmedido (y no solicitado) de material violento, pornográfico o fake news en grupos de chat.

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Audios eternos por WhatsApp: Seamos claros, esta modalidad es práctica para el remitente, pero no para el destinatario. Todos tenemos un contacto que nos bombardea de audios y convierte el diálogo en un trámite.

Ser seguido y no seguir: Entiendo que ahora todos somos marcas personales y queremos cultivar nuestro ejército de followers, pero si conoces a la otra persona, es de mal gusto dejar que te sigan y no seguir de vuelta. Si es que no quieres “contaminar” tu feed con otras opiniones, para eso está la opción de silenciar. Lo cortés no quita lo valiente.

Celular sin audífonos: Los peruanos nunca hemos sido amables con los oídos del prójimo, como cualquier semáforo o junta vecinal puede atestiguar. Pero la era de los smartphones y megas ilimitados ha convertido todo espacio público en una sinfonía de desconsideración. ¿Por qué tenemos que escuchar llamadas en alta voz, tiktoks y videos de YouTube a todo volumen en combis, aviones, salas de espera y parques? Todo se puede solucionar con un sencillo par de audífonos, que hoy son como el nuevo pañuelo de seda, un símbolo de empatía y buenos modales.

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