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Es El Mecanismo, no el modelo

Es El Mecanismo, no el modelo

Es El Mecanismo, no el modelo. (YouTube)

Es El Mecanismo, no el modelo. (YouTube)

Patricia Teullet
Patricia Teullet

Cada cierto tiempo, escuchamos voces que acusan al modelo liberal, que defiende la apertura al comercio y la inversión privada; que cree en las leyes de competencia, pero también en un Estado fuerte y eficiente. Lo acusan de ser el culpable de la pobreza, la desigualdad y, últimamente, la corrupción. Luego, reclaman la participación del Estado como empresario, olvidando el rol que ha jugado el Estado en la corrupción.

Porque la corrupción que “exportó” Brasil al Perú tiene en su elenco no solo a Marcelo Odebrecht, sino también a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT), aquel que se alía con empresas como Odebrecht u OAS para exportar su orientación política, vía el financiamiento a partidos o entrega de sobornos a funcionarios. La historia está muy bien relatada en la serie El mecanismo. Por supuesto que el PT no es liberal: es proteccionista y cree en el Estado empresario. Veamos Petrobras.

Cuando saltó el escándalo de corrupción, Perú entró en pánico y los ministerios pusieron un cartel de “Cuarentena” y evitaron toda decisión relacionada con la inversión privada, asociada o no a la corrupción. No hay riesgo de sanción por no tomar decisiones. El riesgo está ligado a las decisiones que permiten la inversión y, por tanto, el crecimiento y la generación de empleo. Esto explica el crecimiento cero y la pérdida de empleos e ingresos.

Las aventuras empresariales del Estado le costaron al país millones, escasez, inflación y pobreza; y por supuesto, corrupción. Empresas en manos del Estado traen mayor corrupción. Miremos a Venezuela, el caso extremo; los venezolanos no migran porque su país está en bonanza gracias a su modelo.
Así pues, la próxima vez que hablemos de los daños del modelo, recordemos a cuál nos estamos refiriendo.

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