Miles de ciudadanos salieron a las calles de Lima para formar parte de la Marcha Nacional. (Perú21)
Miles de ciudadanos salieron a las calles de Lima para formar parte de la Marcha Nacional. (Perú21)

La marcha de ayer fue otro hito. Miles de personas salieron a protestar, indignadas, contra la mugre que son el “sistema judicial” y el “sistema político”.

Fueron personas de todas las edades y todos los colores, unidas por el rechazo a esta corrupción pestilente y descarada. Fueron amigos o conocidos que sirven o han servido al público desde el Estado. Se trata de los héroes del servicio público, que algunas veces tienen que replegarse ante una arremetida de la mafia, sin embargo persisten.

He criticado a través de las redes sociales lo que considero el uso político de la marcha por Verónika Mendoza. Debería aclarar su participación en el gobierno del violador de los derechos humanos, al lado de la presidenta que abusó del cargo que no tenía. Espero que Veronika, Marisa y otras consoliden su espacio político. Esta no me parece que sea la forma.

Me colgué a la transmisión de la marcha justo cuando hablaba un dirigente de la CGTP (la Confederación General de Trabajadores del Perú). Ojalá hubiera sindicatos acá, de aquellos que proporcionan servicios a sus afiliados.

La CGTP no es tal cosa. Son tan mercas como los empresarios que no queremos. Les importan un pepino los jóvenes que no pueden conseguir un trabajo formal.

Verónika Mendoza quedó como una diosa después de que Keiko difundió su video. Solicitó las reformas que la bancada con la que se reúne en el plenito de los martes no ha hecho. Habló sobre la corrupción, sin ruborizarse, pese a Joaquín o Becerril, o varios otros.

Estos son los avatares de la política, como suelen decir algunos. El que se vayan es el mayor problema. Seguimos jugando con fuego. No es suficiente con realizar marchas para poder cambiar esto. ¿Hasta cuándo?