Deschavarricemos la agenda

Cerca de 60 mil personas respaldan petición para destituir al Fiscal de la Nación. (César Campos/Perú21)

Cerca de 60 mil personas respaldan petición para destituir al Fiscal de la Nación. (César Campos/Perú21)

Deschavarricemos la agenda. (César Campos)

Cerca de 60 mil personas respaldan petición para destituir al Fiscal de la Nación. (César Campos/Perú21)

Mónica Delta
Mónica Delta

¿Debe renunciar Pedro Chávarry? Sí. ¿Está cuestionado, está deslegitimado? También. Sin embargo, el cambio no es de cara ni de apellido, debe ser generacional y profundo dentro de un Ministerio Público que hoy es muy poderoso pero que sigue dentro del sistema corroído por motivaciones subalternas y muchas veces ideologizado a merced de intereses de uno y otro lado.

Tumbarse a Chávarry para que entre Sánchez no enfrenta el problema de fondo de nuestro sistema de justicia. Debilitar a Chávarry a punto de periodicazos y comentarios de las más altas autoridades lo que produce es un efecto de hartazgo por la repetición de los ataques y sus respectivas defensas. Chávarry no puede decir que no remueve al fiscal Pérez porque no quiere (en realidad podría rotarlo, pero no removerlo por su condición de titular) y José Domingo Pérez no puede pedir la cabeza de Chávarry un día sí, el otro también.

Parece esquizofrénico que en nuestro país, desde hace meses, estemos solo centrados en la guerra de la Fiscalía y esta siga en punto muerto. El Congreso no puede seguir dilatando la discusión sobre la permanencia de Pedro Chávarry en la Fiscalía y Domingo Pérez debe enfocarse en su labor de acusador para que, proveyendo pruebas, quienes sean verdaderamente culpables terminen en la cárcel con procesos justos y con sentencias fijas.

La Fiscalía no puede ser objeto de arranchamiento permanente. Tras el referéndum, tendremos (esperemos) a la nueva Junta Nacional de Justicia (ex CNM) para que evalúe y designe con probidad a jueces y fiscales. Eso es lo que el Perú y sus ciudadanos queremos. Una sociedad donde la justicia no sea solo para unos (los amigos) y las condenas sean solo para otros (los enemigos). Tenemos derecho como sociedad a exigir renovación de un sistema corrompido hace décadas, pero que tampoco nos quieran cambiar mocos por babas. Las instituciones deben respetarse, a los individuos corruptos se les castiga, sean amigos o enemigos.

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