Adelanto  de elecciones. (Foto: AFP)
Adelanto de elecciones. (Foto: AFP)

La gente que creía en la firmeza y audacia del presidente Martín Vizcarra para poner en su sitio al fujiaprismo con la propuesta de adelanto de elecciones empieza a mostrar cansancio y hasta cierto aburrimiento. Solo una pequeña minoría se interesa por el intríngulis constitucional que pareciera dar la razón a todos. La gran mayoría ha perdido el entusiasmo inicial, creyendo que iba a ver pronto a los efectivos de la PNP cercando la entrada al Congreso para que nadie ingrese.

El bien pensado “dejar pasar, dejar hacer” de la Comisión de Constitución hace que pasando los días se desgaste la idea de la posibilidad concreta del adelanto de elecciones en 2020. Un presidente que sigue inaugurando obras, homenajeando a nuestros atletas y viajando por todo el país construye una imagen dispersa de sus prioridades al no poner en el centro de sus preocupaciones la ratificación de la propuesta empeñada.

Por otro lado, el caso del apresuramiento de la mayoría congresal para acortar lo máximo posible el proceso de la elección de los nuevos miembros del Tribunal Constitucional, buscando un rápido aliado estratégico, es muestra de un meditado plan para obstruir el adelanto electoral. La actitud de las bancadas que apoyan el ‘adelanto’ han hecho bien en retirarse y dejar en claro el oscuro objetivo de la bancada mayoritaria.

Sin embargo, el enfrentamiento no se reduce a la interpretación constitucional, ni a la consejería de la Comisión de Venecia, ya que en casos como este el peso político de la calle, cuando se presenta unida y convencida de lo justo de su lucha, puede resolver el entrampamiento. Por eso, preocupado pero optimista, yo creo que en el Día del Periodista –1° de octubre– las primeras planas de los medios titularán ya la vigencia de la propuesta presidencial.

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