Carlos Parodi
Carlos Parodi

Todos quieren saber qué pasará con la economía en 2018. Si algo tenemos en común los economistas, es que ocupamos la mitad de nuestro tiempo proyectando y la otra mitad explicando por qué fallamos. Eso pasa porque nadie puede leer el futuro. La economía no predice, sino proyecta. Para hacerlo asume ciertos comportamientos de otras variables que pueden cambiar completamente lo proyectado.

Un ejemplo. Supongamos que la pregunta es cuánto crecerá la economía en 2018. Un analista puede decir, digamos, 3%, basado en el hecho de que China crecerá 6.5%, que se pondrán en marcha un grupo de megaproyectos (hoy estancados), que el gobierno logrará sortear la crisis política por la que pasa y así sucesivamente. Supone que una serie de variables que afectan a la proyección tendrán ciertos comportamientos y, además, que estos no cambiarán en el período de análisis. Y señala: “Dado lo anterior, entonces…”. ¿Y qué pasa si alguna de las cosas que se supusieron no se cumple en la realidad? La proyección falla. ¿Es un error de la economía? No, pues no hay otra forma de hacerlo.

Cada proyección contiene una serie de supuestos sobre el comportamiento de otras variables relevantes. Por eso es que las proyecciones hay que tomarlas con pinzas. Dígame usted cuánto quiere que crezca la economía peruana en 2018 que le construyo el análisis que lleva a ese número. Esto no desmerece las proyecciones, sino que deberíamos ser más claros en los supuestos que subyacen a cada una de ellas.

De cada grupo de supuestos salen diferentes proyecciones. La incertidumbre rodea a cualquiera de ellas, pues, además, suelen ocurrir imprevistos que favorecen o deterioran la economía.

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