La gran mayoría de proyecciones económicas hechas por reputados analistas en diciembre de cada año fallan; esto ocurre para felicidad de algunos (críticos) y preocupación de otros. Hace un año, las proyecciones oficiales apuntaban a un 4.2% de crecimiento económico para 2019. Hoy sabemos que la cifra debe cerrar entre 2.2% y 2.3% o menos, la más baja desde 2009.

¿Por qué tantos errores? ¿No se supone que los economistas debemos saberlo? La respuesta es no. Nadie puede leer el futuro. Los expertos no predicen, proyectan. Piensan algo así: “Si la guerra comercial entre los EE.UU. y China no avanza, si la tasa de interés de la Reserva Federal sigue disminuyendo, si las elecciones congresales del Perú de enero de 2020 dan cierto resultado y un largo etcétera, entonces la economía crecerá, por ejemplo 3.2%”.

Se usan supuestos para poder proyectar. No es una adivinanza. Desde luego, si alguno se altera, digamos que la turbulencia política tiene un comportamiento diferente del que se había asumido inicialmente, entonces la proyección cambia. Y esto no es un error del analista, sino que cuando proyecta, hace lo mejor que puede con los elementos que tiene.

¿Significa entonces que nadie debe proyectar? No. Lo que quiere decir es que debemos tomar con cautela cualquier proyección, pues el entorno puede variar hacia un escenario no previsto. Averiguar bajo qué supuestos se ha hecho la proyección es clave. Nadie lee el futuro y la economía no es magia ni un acto de fe. Todas las empresas proyectan sus ventas del año siguiente. ¿Acaso siempre aciertan? No. Hacen su mejor esfuerzo, pues requieren del ejercicio para tratar de acercarse lo más que puedan a la realidad. Y lo usan como guía. Igual que la economía.

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