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Carlos Parodi
Carlos Parodi

Uno de los problemas centrales del Perú es su desigual distribución de ingresos. Esto significa que pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Y eso tiene dos impactos, entre muchos más: en primer lugar, genera un menor crecimiento y dificulta encontrar consensos en aspectos cruciales del funcionamiento de la sociedad; la probabilidad de que un país sea más conflictivo es mayor entre aquellos más desiguales; en segundo lugar, reduce los impactos que el crecimiento tiene sobre la disminución de la pobreza.

La desigualdad de ingresos se puede medir de distintas formas; una de las más usadas es el coeficiente de Gini, que es un número que fluctúa entre 0 y 1; a mayor Gini, mayor desigualdad. América Latina es la región más desigual del planeta, a excepción de África subsahariana. Entre 2010 y 2015, el Gini promedio regional fluctuó entre 0.416 de Uruguay y 0.535 de Colombia. Perú tuvo un Gini de 0.441. En las economías avanzadas, el Gini promedio fue de 0.35 y en Asia oriental alcanzó un promedio de 0.33, en ambos casos en 2015. Claramente son sociedades más igualitarias. Los países nórdicos ostentan Ginis de 0.259 (Noruega), 0.27 (Suecia y Finlandia) y 0.29 (Dinamarca) y coinciden con ser sociedades más pacíficas y prósperas.

De ahí que enfrentar la desigual distribución sea crucial. Ello se logra acelerando el aumento de los ingresos de aquellos más desfavorecidos. Asegurar la igualdad de oportunidades “en el punto de partida” es clave y se logra con mayor y mejor educación, salud y acceso a los servicios básicos. Eso no solo toma tiempo, sino que los avances son lentos. En el último reporte global de competitividad (2017), Perú se encuentra en el puesto 129 sobre 137 países evaluados en educación primaria, mientras que en educación superior, alcanza el lugar 124. Y sin capital humano de calidad, no existe manera de sostener el crecimiento económico futuro.

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