Michelle en Potemkuela (I)

Michelle en Potemkuela (I)

Michelle en Potemkuela (I) (Getty)

Michelle en Potemkuela (I) (Getty)

Ariel Segal
Ariel Segal

Cuentan que en 1787 Catalina la Grande visitó la recién conquistada Crimea y su gobernador, el príncipe Grigori Potemkin, la recibió mostrándole pueblos magníficos a lo largo de la ruta. La zarina se marchó admirada de lo que presenció y nunca supo –se relata– que el gobernador había ordenado construir estructuras que a larga distancia reflejaban villas hermosas cuyas fachadas escondían territorios devastados por la guerra. Desde entonces, la expresión “pueblos Potemkin” es sinónimo de falsear una realidad por razones políticas.

Stalin también utilizó “sitios Potemkin” para engañar a varios extranjeros simpatizantes de la Unión Soviética (URSS) obligándoles a hacer rutas guiadas. El dramaturgo inglés Bernard Shaw expresó sobre la URSS que volvía “del país mejor alimentado del mundo”, mientras en Ucrania tropas de Stalin cercaban su territorio para extraer todo el trigo y no permitir la entrada de alimentos, provocando una hambruna que mató a unos cinco millones de personas. El mismo año, el gran poeta peruano César Vallejo también visitó la potencia comunista y, en su libro “Rusia en 1931: reflexiones al pie del Kremlin”, escribió su fascinación por el experimento soviético.

Algunos intelectuales, como el escritor francés André Gide, lograron zafarse por momentos de sus anfitriones soviéticos y, al pasear por su cuenta, se defraudaron de lo que vieron y constataron las terribles violaciones de derechos humanos (DD.HH.), en especial contra artistas disidentes.

La visita de Michelle Bachelet a Venezuela deja una sensación de que la alta comisionada de la ONU para los DD.HH. aceptó la visita guiada al país Potemkin que el régimen castro-chavista le intentó mostrar. Esto lo ahondaremos la próxima semana.

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Michelle Bachelet.

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