Sigue actualizado en nuestra APP

Ariel Segal
Ariel Segal

Los cuatro mundiales de fútbol que ha ganado Alemania están parcialmente vinculados con momentos de bienestar social y político en ese país. El de Suiza (1950) coincidió con la reinserción de Alemania Federal a todos los ámbitos internacionales, reconocida como una democracia vibrante y una nación próspera. En Alemania 74 se consolidó la “normalización”, cuando Alemania Occidental fue el país anfitrión; la victoria del Mundial Italia 90 ocurrió luego de la caída del Muro de Berlín y el proceso de unificación; y el pasado Mundial de Brasil 2014 se dio cuando los germanos celebraban el éxito del proceso de integración de sus inmigrantes. Entonces, los alemanes estaban orgullosos de su selección multicultural y de sus futbolistas de ascendencia turca, polaca y africana.

La “catástrofe” alemana en el Mundial de Rusia coincide con la crisis de los refugiados –que empezó a partir de 2015– y los atentados terroristas islamistas que han incrementado el nacionalismo y la xenofobia, pero también con el hecho de que dos miembros de su selección de origen turco (Mesut Özil e Ilkay Gündogan) se fotografiaran con el presidente Recep Tayyip Erdogan, apoyándolo para su reelección. Muchos alemanes cuestionaron la identidad de ambos futbolistas y algunos periodistas deportivos advirtieron que esto podía afectar al equipo.

Es natural que algunas personas se identifiquen a la vez con el país de sus ancestros y con la patria donde nacieron; son ciudadanos, pero, como lo expresó la diputada alemana de ancestros turcos, Sevim Dagdelen: “Es una falta grosera posar con el déspota Erdogan en un hotel de lujo en Londres y dignificarlo con el título de ‘mi presidente’, mientras que en Turquía los demócratas son perseguidos y los periodistas críticos están detenidos”.

Tags Relacionados:

Mundial

Alemania

Ir a portada