Alemania no sale campeón del mundo desde 1990. (EFE)
Alemania no sale campeón del mundo desde 1990. (EFE)

Los cuatro mundiales de fútbol que ha ganado Alemania están parcialmente vinculados con momentos de bienestar social y político en ese país. El de Suiza (1950) coincidió con la reinserción de Alemania Federal a todos los ámbitos internacionales, reconocida como una democracia vibrante y una nación próspera. En Alemania 74 se consolidó la “normalización”, cuando Alemania Occidental fue el país anfitrión; la victoria del Mundial Italia 90 ocurrió luego de la caída del Muro de Berlín y el proceso de unificación; y el pasado Mundial de Brasil 2014 se dio cuando los germanos celebraban el éxito del proceso de integración de sus inmigrantes. Entonces, los alemanes estaban orgullosos de su selección multicultural y de sus futbolistas de ascendencia turca, polaca y africana.

La “catástrofe” alemana en el Mundial de Rusia coincide con la crisis de los refugiados –que empezó a partir de 2015– y los atentados terroristas islamistas que han incrementado el nacionalismo y la xenofobia, pero también con el hecho de que dos miembros de su selección de origen turco (Mesut Özil e Ilkay Gündogan) se fotografiaran con el presidente Recep Tayyip Erdogan, apoyándolo para su reelección. Muchos alemanes cuestionaron la identidad de ambos futbolistas y algunos periodistas deportivos advirtieron que esto podía afectar al equipo.

Es natural que algunas personas se identifiquen a la vez con el país de sus ancestros y con la patria donde nacieron; son ciudadanos, pero, como lo expresó la diputada alemana de ancestros turcos, Sevim Dagdelen: “Es una falta grosera posar con el déspota Erdogan en un hotel de lujo en Londres y dignificarlo con el título de ‘mi presidente’, mientras que en Turquía los demócratas son perseguidos y los periodistas críticos están detenidos”.

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