(Foto: GEC)
(Foto: GEC)

El estado del tiempo sobre la costa está determinado por lo que sucede con el aire desde el suelo hasta unos 10 kilómetros de altura. Aproximadamente la altitud de vuelo de un avión. En esa columna de 10 kilómetros se desarrolla todo aquello que conocemos como tiempo y clima.

Son particularmente importantes los primeros cinco kilómetros desde el suelo.

Es allí donde el aire es más denso y es allí donde podemos vivir.

Tenemos hacia el este una cordillera con más de 5,000 metros que bloquea la llegada de casi toda la lluvia de la sierra y favorece el clima seco de la costa.

Adicionalmente, sobre el océano, un patrón de vientos muy regular hace que casi siempre el viento sople del sur y traiga aire húmedo y fresco desde las frías aguas del Pacífico Sur. Esos vientos superficiales son gobernados por un gran remolino de aire que los produce.

Es el anticiclón del Pacífico Sur. Cuando pierde su habitual estabilidad de posición y más aún, su habitual fuerza en el invierno, la costa se beneficia de menores lloviznas y mayor cantidad de horas de sol.

Eso está sucediendo en julio y seguirá aún al empezar agosto, hasta donde podemos ver en los pronósticos.

Inusual, al acercarnos al punto medio del invierno. Es la variabilidad climática.

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