Sedapal, advierte el columnista, no tiene nuevas incorporaciones en su parque se reservorios desde 1994.
Sedapal, advierte el columnista, no tiene nuevas incorporaciones en su parque se reservorios desde 1994.

A ninguno de nuestros políticos populistas les interesa los asuntos de largo plazo. Tratan de esquilmar las arcas públicas en medio de encendidos discursos que solo revelan sus distraídas ideas mientras poco o nada pueden ver más allá de sus narices o – en este caso – esfínteres.

Pues resulta que Lima sigue creciendo poblacionalmente y con ella la red de distribución de agua.

Podemos hacer todos los huecos que se quieran y poner las mejores tuberías; pero si no acrecentamos nuestras reservas de agua potable para la capital, más temprano que tarde volverán los racionamientos.

Nuestra Sedapal no tiene nuevas incorporaciones en su parque de reservorios desde 1994, cuando se agregó Yuracmayo y sus 48 millones de metros cúbicos a los 235 que teníamos. Hemos construido refinerías y carreteras de dudosa rentabilidad, pero el agua para ir al baño, puede esperar.

Vamos a cumplir un cuarto de siglo sin obras nuevas ya que la única concretada: Huascacocha, es hoy un embalse que tiene 80 millones de metros cúbicos en él y que desde el 2017 está lleno y no se puede usar. Unos de los faenones de la brasileña OAS. Pero nadie mira eso. Todos en su menuda política y Lima y su vulnerabilidad sanitaria siguen allí.

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