El ombliguismo cadeísta

“Qué desilusión ver que la élite empresarial no logre renovar su discurso (...). Más allá de la nueva iniciativa Cero Soborno, la impresión que ha prevalecido es la de un gremio poco dispuesto a aceptar su parte de responsabilidad”.

por el perú. Julio Luque, gobernador Fernando Cillóniz, Gonzalo Aguirre, presidente de CADE.

Por el Perú. Julio Luque, gobernador Fernando Cillóniz, Gonzalo Aguirre, presidente de CADE. (Alessandro Currarino)

El ombliguismo cadeísta. (Alessandro Currarino)

Augusto Rey
Augusto Rey

Qué desilusión ver que la élite empresarial no logre renovar su discurso y redefinir su rol en la sociedad. Más allá de la nueva iniciativa Cero Soborno, la impresión que ha prevalecido es la de un gremio poco dispuesto a aceptar su parte de responsabilidad en la crisis evidente. La CADE, en lugar de ser un espacio inspirador para quienes no son parte del círculo íntimo, proyecta la imagen de un club ombliguista que se da palmaditas de respaldo para convencerse de que no tiene nada que ver con la corrupción desmantelada y que es víctima de una campaña de desprestigio inmerecida. Pero no todo puede ser responsabilidad de los políticos y burócratas, menos en un país donde el Estado prácticamente ha sido desmantelado y la aceitada al funcionario ha sido moneda común para que las cosas se muevan. Que solo el 4% de los peruanos crea que los empresarios hacen algo contra la corrupción debería decirles bastante, sobre todo cuando varios de sus principales voceros probablemente tienen las herramientas más efectivas para influir en la toma de decisiones al más alto nivel del poder político. ¿O acaso el Perú no ha sido gobernado desde sus gremios e intereses los últimos 30 años?

Así como a la izquierda extemporánea le costó demasiado aceptar que Maduro es un dictador y a algunos todavía les cuesta abandonar la utopía estatista, nuestra élite empresarial no parece dispuesta a aceptar su responsabilidad en la realidad peruana. Los seres humanos muchas veces necesitamos culpar a otros para librarnos de nuestras frustraciones y eso es lo que pareciera que están haciendo desde el oficialismo empresarial, como si sus intereses siempre estuviesen orientados a la justicia y los del Estado a la corrupción. La realidad, sin embargo, tiene más de dos colores.

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