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Fritz Du Bois,La opinión del directorEs evidente que Humala ha descuidado la finca, llegando siempre atrasado al campo cuando el problema ya se había consumado. Ahora, de pronto ha notado que el ganado se ha adelgazado. Así tenemos que a comienzos de año, cuando crecer al 6% era el piso de los estimados, se le reclamaban medidas para consolidar ese crecimiento ante las señales de desaceleración que ya se venían dando. Sin embargo, en esos momentos el presidente solo miraba al cielo en las encuestas y eran otras cosas las que estaba maquinando. Ni siquiera quería ser visto al lado de empresarios, así que el verano fue desperdiciado.

Luego llegó el otoño de las desviaciones, empezando con Repsol, así que la desconfianza empezó a penetrar en la población y, especialmente, en el sector privado. Por lo que el entusiasmo se enfrió y 6% pasó a ser, más bien, el techo del crecimiento ya que pocos esperaban que fuera superado. Entonces, el Gobierno habló de reacción, pero las medidas que se anunciaron no fueron 'vendidas' con mucha convicción y, en todo caso, se fueron sacando con tanto retraso que el descenso se siguió acelerando.

Es recién ahora, en nuestro peor invierno en años, camino a crecer solo 4 o 5 % y cuando hasta el presupuesto del canon está siendo afectado, que Humala finalmente está reaccionando. Pero las medidas que hace unos meses hubieran asegurado el crecimiento, pasan prácticamente desapercibidas en el actual escenario de pesimismo generalizado. El problema de llegar siempre tarde es que es cada vez más alta la valla para reparar el daño que se ha causado.

Por ello, no tiene mucho sentido que el Gobierno siga ofreciendo medias tintas y está, más bien, obligado a realizar algún gesto dramático que permita recobrar el entusiasmo. En caso contrario, las expectativas de los consumidores y del empresariado se seguirán evaporando dejando al país, en el mejor caso, estancado.Por otro lado, una de las principales equivocaciones del mandatario fue pensar que algunos sicarios partidarios iban a sacar de la carrera presidencial a los pesos pesados, entre los otros potenciales candidatos, para dejar el camino a la reelección conyugal allanado. Esa ingenuidad le está costando caro ya que generó una agresiva reacción en la oposición y, hoy, la sensación es la de un gobierno acosado.

Con lo cual, su llamado a la unidad nacional no va a traer ningún resultado salvo que entregue, temporalmente, las riendas del gabinete a una personalidad con credibilidad a lo Pedro Beltrán. En realidad, no puede seguir dependiendo de funcionarios que dan la impresión de estar siempre agobiados.

Al final, está en manos del mandatario el pasar a la historia como el gobierno de las vacas flacas que desperdició el milagro peruano. En lugar de ello, podría ser recordado como el presidente que tuvo la claridad primaveral de ver lo que el país estaba necesitando, ya que un crecimiento alto es la única manera de que los peruanos puedan sentir prosperidad.