A fines del año pasado, el gobierno de Pedro Castillo ofreció al Perú como sede de la 52 Asamblea General de la OEA, que, por segunda vez consecutiva, sigue bajo la administración del uruguayo Luis Almagro. Con las desubicadas declaraciones de Almagro sobre el presunto “compromiso” del presidente con la agricultura, ahora entendemos por qué el jefe de Estado pidió a sus operadores diplomáticos en Washington que propusieran Lima para el cónclave.

“El Perú puede aportar muchísimo y vimos al presidente comprometido con la mejor gestión de la agricultura para que la misma sea una respuesta nacional dentro del Perú, pero también dentro del propio hemisferio”, dijo Almagro el martes.

Palabras que han sonado a burla en un país donde el gobierno ha sido incapaz de concretar la importación de siquiera una bolsa de urea en apoyo de los agricultores locales, que en estos momentos la están pasando muy mal debido a la escasez de este fertilizante. Una inoperancia gubernamental que, como informamos en la edición de hoy, está generando continuas y preocupantes subidas de precios en productos básicos para la población, como la papa, el limón y similares.

Esto además de una “segunda reforma agraria” lanzada con bombos y platillos para, supuestamente, favorecer a pequeños y medianos agricultores que ha quedado prácticamente en nada. Pero de Almagro no sorprenden declaraciones de este tipo a favor de Castillo.

Ya antes, en diciembre, en una visita oficial al Perú, la OEA había celebrado apresuradamente la lucha de Castillo contra la corrupción en el país. “Hemos visto al presidente también con una determinación importantísima en combatir la corrupción”, dijo Almagro, a pocos días de haberse destapado el caso de las reuniones nocturnas en Sarratea. Es decir, cuando los peruanos nos enteramos, gracias a una investigación periodística, del despacho clandestino del mandatario, donde se negociaban el reparto de obras y sus respectivas coimas.

Justamente: entre otros despropósitos del gobierno, la OEA podría, por ejemplo, comenzar a indagar cómo va la libertad de prensa y de expresión en el Perú. Hace algunos meses envió una misión, que evacuó un informe sesgado y pobre. Una cosa es la burocracia internacional, por supuesto, pero otra es la diplomacia del amiguismo frívolo.