No tomaría a la ligera la amenaza que llega desde un sector de Acción Popular, confirmada por el congresista Jesús Arapa ayer en RPP, de una posible vacancia presidencial si Vizcarra no conforma un gabinete a la medida de sus intereses. De más está decir que siquiera deslizar la posibilidad de una vacancia, sin causal ni sentido, y en un momento como este, es la irresponsabilidad más infeliz que un congresista puede tener.

Matemáticamente no encuentro manera de que dentro del Congreso se consigan los votos para una vacancia.

En el mismo Acción Popular hay un sector que definitivamente no se prestará a ese juego, en particular entre los alineados a quienes tienen ambiciones presidenciales para 2021. Eso, sin embargo, no quita que el gobierno entienda esa intimidación como una alerta para cambiar el tono que innecesariamente Cateriano escaló ayer a niveles insostenibles, especialmente contra el Frepap, y que evidenció que la negación de la confianza a su gabinete no se redujo al lobby de la educación superior.

Si la Constitución no permite una disolución del Congreso durante el ultimo año, por equilibrio de poderes tampoco debería permitir la negación de confianza a un gabinete. Esa es una falla en el diseño constitucional que deja totalmente desarmado al gobierno y excesivamente empoderado al Congreso. Pero es lo que hay y el gobierno tiene que jugar con esas reglas. Sin necesidad de caer en chantajes, tiene que apostar por un espíritu negociador mayor al que la carta de la disolución le permitió en el pasado.

Sobre todo, tiene que darle más atención al bloque legislativo no limeño, que es donde encuentra mayor resistencia. Las declaraciones que dio ayer Cateriano harán que las cosas sean más difíciles todavía para el siguiente gabinete. El gobierno necesita pensar bien sus siguientes pasos y el Congreso bajar sus revoluciones, poniendo freno a cualquier golpista espontáneo.