La nueva gestión metropolitana (2da parte)

"En las últimas tres décadas, Miraflores viene marcando la pauta de la modernización urbana en todo el Perú".

Jorge Muñoz
Sandro Venturo
Sandro Venturo

La semana pasada sugerí que alcanzar las metas de la nueva gestión metropolitana traerá una gran confrontación en la ciudad. Se trata de una guerra cantada entre quienes se benefician (o creen beneficiarse) del actual caos y fragmentación de la metrópoli y quienes insistimos, aún en minoría, que los grandes problemas urbanos se pueden enfrentar con éxito si la ciudad se transforma a escala humana. Algunos lectores preguntaron: ¿pero tiene Muñoz las credenciales para liderar esa transformación cultural?

A favor, Muñoz tiene una amplia experiencia en la gestión municipal. Ha sido funcionario y regidor antes de ser un alcalde con un mayoritario respaldo de su municipio. Y muchos premios nacionales e internacionales.

En las últimas tres décadas, Miraflores viene marcando la pauta de la modernización urbana en todo el Perú (su influencia se nota aquí y en muchas ciudades del país), aunque Jorge Muñoz radicalizó este proceso, llevando a la comuna a estándares de países desarrollados a través de obras y servicios de avanzada (infraestructura anticatástrofes, atención a grupos vulnerables, sistemas de seguridad ciudadana participativos, mantenimiento sostenible de parques y jardines, promoción comunitaria del deporte y la cultura, etc.).

Ciertamente no es lo mismo manejar un distrito como Miraflores que un monstruo como Lima. La metrópoli no tiene visión compartida ni recursos suficientes para sostener sus servicios básicos.

Todos quieren más seguridad y mejor transporte, pero no existe consenso acerca de cómo conseguirlo. Peor aún, el sentido común popular tiende a preferir soluciones conservadoras y probadamente ineficaces. Así que venir de una excepcional gestión local no es suficiente.

En Miraflores, Muñoz terminó algunas obras polémicas sin confrontar a quienes protestaban. Al final sacó adelante los estacionamientos subterráneos y achicó el espacio para los autos privados apostando a que los beneficios serían reconocidos. Pero en Lima las cosas no se pueden hacer así.

La docencia política es imprescindible, así como tejer alianzas para minimizar la fuerza de los más anacrónicos. Y parece que Muñoz tiene pasta para esto. Lo viene demostrando en estas semanas, ampliando los atributos de su liderazgo.

El 70% de respaldo que muestra la última encuesta de Datum da cuenta de las expectativas y la credibilidad que ha despertado en los ciudadanos. Pero esto recién comienza y va a ser muy duro. 

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