La semana estuvo aderezada por el intercambio epistolar que protagonizaron Alberto y Keiko Fujimori. El viernes, el capítulo se cerró con un tuit de la hija anunciando que no participará en las elecciones congresales de 2020. Como si en esa postulación radicara la ansiedad de su progenitor y el rechazo de su hermano.

Hace casi 20 días, Kenji Fujimori publicó en su página web una carta en la que responsabiliza a Fuerza Popular, el partido político que lo llevó al Parlamento del que fue expulsado por gestionar el indulto de su padre, de la decisión del presidente Martín Vizcarra de disolver el Congreso.

“Renuncié a Fuerza Popular en marzo de 2018… y no volveré”, dijo, definitivamente, el último de los Fujimori.

Las razones, refirió, son parte de una “lista de despropósitos” acometidos por el fujimorismo en los últimos años, entre los que Kenji destaca la vacancia de PPK, la total inclinación de FP hacia la “derecha reaccionaria”, su disposición a servir al mercantilismo y, por último, la politización de la elección del Tribunal Constitucional, evidenciada en la premura con la que se votó por Gonzalo Ortiz de Zevallos Olaechea en horas previas a la disolución del Parlamento.

Pero, sin duda, la frase de aquella misiva que alarmó al padre y probablemente remeció a la hermana fue la que el menor de los Fujimori suscribe al final de su manifiesto. “Estoy a la expectativa de la aparición de nuevos rostros en la política peruana”, sostuvo, mostrándose abierto a escuchar propuestas o incluso a acercarse a una nueva o refrescada agrupación.

¿Kenji está dispuesto a apoyar otra candidatura en 2021? ¿Podría ser él mismo parte de otra plancha? Fue el congresista más votado en 2016, ningún político ducho desestimaría su capacidad de arrastre.

Tomando nota de tamaña advertencia, el 28 de octubre, Alberto Fujimori hizo llegar a los medios, desde el penal de Barbadillo, una misiva lamentando los intereses de las personas que desunieron a sus hijos, haciendo, claramente, referencia a Ana Vega y Pier Figari, los consejeros de Keiko, y exclamando que “esta desunión que afecta aún más mi salud, no puede continuar, por lo que pido a todos los que me aprecian que me apoyen en el gran reto de unir a mis hijos”.

El patriarca de los Fujimori entiende que, estando sus hijos enemistados, ni él ni su legado político tendrán muchas esperanzas en 2021. Habiendo sido él mismo víctima de las torpezas y la soberbia de la hija –el indulto le fue revocado gracias a las gestiones de Fuerza Popular–, le pide a su primogénita, que también está en la cárcel, que se reconcilie francamente con su hermano y reconstruyan juntos el partido.

Al día siguiente, sin embargo, Keiko respondió sin acusar recibo de lo explicitado por su padre: “Estoy segura de que no es la primera, ni será la última vez que algunos intenten separarnos… No podemos hacer nada hacia atrás, pero ha llegado el momento de volver a empezar”, escribió como si con ella no fuera la cosa.

A tal punto que el 30, dos días después de la carta de la hija, el padre tuvo que publicar otro texto diciéndole: “Nunca es tarde para volver a empezar… eso sí, es indispensable renovar en todo sentido”.

Más claro, ni el agua. Alberto Fujimori quiere que sea Kenji y no Keiko quien represente al fujimorismo en las presidenciales de 2021. Pero nunca más propicia aquella frase que dice “no se oye, padre”.

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