¡No me van a doblegar! ¡No me van a ganar!
¡No me van a doblegar! ¡No me van a ganar!

El martes 27, los opositores al desarrollo minero en el sur del país atacaron la comisaría del puerto de Matarani. Con piedras, una bomba molotov y combazos, el grupo radical adoptó formas subversivas para insistir en que el Gobierno cancele la licencia otorgada por el Estado para la construcción del proyecto Tía María.

Horas antes, sin que mediara un solo disparo, la Policía había impedido que los extremistas tomaran la vía del reservorio de agua que está ubicada entre el óvalo de la ciudad de Matarani y el terminal del puerto.

El Ejecutivo tuvo que autorizar el ingreso del Ejército a la ciudad contigua de Mollendo para proteger el terminal de Petroperú.

El jueves 29, dos buses que trasladaban a 42 trabajadores de Tisur, la empresa que administra el puerto de Matarani, fueron emboscados y apedreados por la misma turba. Los delincuentes hirieron a 14 trabajadores. Los choferes de los buses tuvieron que ir a la comisaría de Matarani, atacada dos días antes por los mismos subversivos, a hacer la denuncia.

¿Una cruel ironía? Solo si la integridad de los ciudadanos agredidos no hubiera estado en riesgo. Solo si la seguridad de un puerto estratégico para el sur del Perú no hubiera estado en juego. Solo si la ley y el Estado de derecho en el país no fueran el hazmerreír de una pandilla extremista.

Arequipa, pero sobre todo la provincia de Islay, lleva más de mes y medio soportando el abuso y la ferocidad de los espartambos: sujetos tremendamente violentos, adoctrinados y capitaneados por el etnocacerismo y el Movadef, o sea, Sendero Luminoso en su versión política instalado en la zona bajo la mirada complaciente y cómplice de las autoridades locales, los representantes de la Junta de Usuarios del agua del río Tambo y los molineros que cultivan arroz en un valle con muy poca irrigación.

Mientras tanto, el Gobierno, en la luna. El miércoles 28, un día después del ataque a la comisaría del puerto de Matarani y un día antes del ataque a decenas de civiles en el mismo lugar, el presidente Martín Vizcarra ofrecía declaraciones a un canal de TV sin mencionar una palabra sobre el carácter subversivo de las protestas, el retroceso del Ejecutivo, el contenido de sus conversaciones con los representantes de los antimineros, la desprotección que está enfrentando la gran mayoría de los ciudadanos en la región, las pérdidas millonarias en todos los sectores económicos, pero lo peor, la ventaja moral, social y táctica que el Gobierno les obsequia a los neosenderistas que ahora practican “la violencia política” como alternativa a la “lucha armada”.

Según fuentes de inteligencia, Sendero Luminoso en modo Movadef o Puka Llacta, el etnocacerismo de Antauro Humala y el MRTA en su versión “Venceremos” activan y agudizan la conflictividad social en todo el país. Sus dirigentes están detrás de los sucesos violentos ocurridos en el valle de Tambo, en la ciudad de Arequipa, en El Alto en Talara, Piura, en el puente binacional de Tumilaca, cerca de Quellaveco en Moquegua.

Una genuina protesta popular jamás es protagonizada por sujetos que se cubren los rostros, que atacan comisarías, que emboscan y apedrean civiles, que prenden fuego a edificios públicos y privados.

La Policía Nacional actúa con prudencia, no cae en las provocaciones, no le otorga a la turba subversiva el muerto que necesita como pretexto, pero ya suma 42 efectivos heridos, algunos de gravedad.

Parafraséese, presidente Vizcarra. Tome el micro y con la misma emoción con la que arengó el miércoles 28 en la heroica Tacna, dígales a los sediciosos: No me van a doblegar, no me van a ganar, porque estoy al lado del pueblo.

Del pueblo que trabaja, no del que vive del clientelismo político. Del pueblo que construye con esfuerzo el futuro de sus hijos, no del que cree en la violencia, la destrucción y la muerte como herramientas de poder. Del pueblo que luchó y lucha por la paz, no del que manda tontos útiles a buscar un muerto para usarlo de pretexto y montar un escándalo internacional.

Dígales, presidente, que usted está al lado del verdadero pueblo de Arequipa.

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