(Reuters)
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Floja esta victoria de Biden. No hubo la esperada “ola azul” (en USA el azul es de los demócratas y no de la derecha, mientras que rojo no es el color revolucionario sino de los republicanos. Y “liberal” allá es un izquierdista) pronosticada por las encuestadoras y más bien va a ganar muy ajustadamente, a pesar de haber batido el récord histórico de votos a favor (72 millones). Los demócratas apenas avanzaron en su ya controlada Cámara Baja, perdieron un gobernador (Montana) y no lograron conquistar el Senado frente a unos republicanos desgastados y a un Trump aborrecible. ¿Por qué?

Una primera respuesta ha sido que Biden es un mal candidato, por mayor y aburrido. Otra que erró al optar por una mujer negra californiana, pues ya tenía asegurados a los votos negros y californianos, mientras que al parecer para las mujeres nunca ha sido muy determinante ver a una fémina en la plancha. Se sostiene que mejor hubiera escogido a un sureño para minar a ese bastión republicano.

Otra es que los demócratas se confiaron en un aluvión de votos latinos, como si todos fueran chicanos demócratas de California o progresistas de Nueva York. ¡Los resultados en Texas y Florida les bajaron a tierra! Como al cubano anticastrista, a mucho latino clasemediero agringado le repele todo lo que huele a izquierda, pues a menudo migraron por estar hartos de estos. Tampoco al latino le sedujo mucho las largas manifestaciones a favor de la minoría negra (con quienes tampoco se llevan muy bien. Los morenos suelen decir que les quitan los trabajos). Más bien muchos se hartaron de tanta violencia y pedían mano dura. Y mucho latino es más cercano a los republicanos por ser culturalmente conservadores (antiaborto, “familieros” y católicos, distantes de la agenda feminista o gay).

Finalmente, también pesó mucho ese impresionante “rush” final de mítines diarios de Trump.

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