Ponerse de perfil no es una opción en el momento actual, sostiene el columnista.
Ponerse de perfil no es una opción en el momento actual, sostiene el columnista.

A escasas cuatro semanas para que el país decida el rumbo que quiere tomar en la segunda vuelta electoral, los peruanos vivimos en una encrucijada, un punto de quiebre que requiere serenidad y reflexión para escoger el camino menos espinoso. No hay margen de error, no debe haberlo.

Las experiencias traumáticas del terrorismo comunista así como el desastre chavista que encarna Pedro Castillo, y la nefasta secuela de corrupción que asoma detrás de Keiko Fujimori ponen a los electores entre la espada y el abismo. Sin embargo, no queda otra opción que decidir.

No hay tiempo para posturas tibias, dobles mensajes, hacerse el políticamente correcto o el interesante, o creer que viciando o votando en blanco se evitará cargar culpas cuando el país se hunda sin remedio. Ponerse de perfil no es una opción en el momento actual.

Por eso, muy a pesar de mis principios y valores cultivados a lo largo de mi vida, y movido principalmente por haber sido testigo de excepción de los crímenes cometidos por Sendero Luminoso, que a todas luces tiene metidas sus manos ensangrentadas en este proceso político y pretenden tomar el poder a la fuerza, mi voto será por el Perú, por la vida, la paz, la libertad y la democracia y marcaré Keiko Fujimori.

No se trata de un cheque en blanco. Tiene exigencias y condicionamientos. Que se comprometa la señora Fujimori con el país, la Policía Nacional del Perú y el Sistema de Inteligencia Nacional a no usar a estas nobles instituciones para su beneficio personal o político. De lo contrario, tenga la seguridad de que encontrará una resistencia organizada para conjurar la traición al país.

Es vital que la candidata del fujimorismo asegure que implementará, con urgencia, una política de Estado contra el terrorismo, que incluya en el currículo del sistema educativo estatal y privado del país, primaria y secundaria, técnica o profesional, el relato real de lo que significó el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA en el país.

En esa línea, incorporar una estrategia diplomática para frenar el avance de terroristas peruanos en el campo internacional. No olvidar los vergonzosos “misiles” jurídicos de la Corte Interamericana que obliga al Estado peruano a pagar indemnizaciones millonarias a los terroristas y las campañas de descrédito desde el exterior.

Finalmente, que haga un compromiso de honor de luchar contra la agudización de la miseria que deja la COVID-19. Garantizar camas UCI, oxígeno y vacunas de calidad en el menor tiempo posible.

El fujimorismo podría tener la oportunidad de convertirse en un gobierno de salvación nacional frente a una opción política suicida, los peruanos también. Es más fácil luchar para combatir la corrupción en el Estado que luchar contra una ideología criminal, la senderista y la chavista. ¡Ustedes

deciden!