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Carlos Basombrío,Opina.21cbasombrio@peru21.com

Pero siempre quise escribir sobre quien considero la persona más admirable que ha existido en la política mundial.

Entre tantas otras cosas destaco coraje, generosidad, sencillez y visión.

Coraje para enfrentar al terrible aparato del Apartheid sin quedar destruido emocionalmente o quebrado y sin ganas ya de jugarse más el pellejo. He estado en Robben Island.

Es un lugar conmovedor. Las condiciones eran inhumanas. Vi su celda aquella en la que estuvo aislado durante tantos años.

Pero lo que más me llamó la atención es la maldad de tener a los presos en una isla desde la que se llega a distinguir la bellísima Ciudad del Cabo. Era como restregarles todos los días que había otra vida de la que estaban excluidos.

Generosidad. Un hombre que sufrió tanto y que fue testigo del sufrimiento de su pueblo se negó a la venganza. Cuando la tortilla se volteó y ellos tuvieron todo el poder para hacer lo que quisieran, convenció a su gente de que no había que ejercerla contra los que los habían humillado. Y perdonó. Lo único que exigió a cambio fue la verdad; que se diga todo lo que había ocurrido: eso sí, el que no lo hacía lo pagaba caro.

Sencillez. Son abrumadoras las evidencias de que siendo uno de los hombres más notables del planeta, habiendo tenido todo los reconocimientos que un ser humano puede aspirar y pese a ser digno de todos los honores, fue extremadamente sencillo y horizontal en el trato.

Visión. Su decisión de no llevar a cabo la venganza que muchos de sus partidarios, por razones comprensibles, querían ejercer, fue también de gran visión política.

Sudáfrica necesitaba de su élite económica y técnica. Y todos eran blancos. El país no era viable sin ellos.