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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Otra hipótesis es la planteada ayer –en declaraciones a RPP– por parte del mandatario, Ollanta Humala: lo ocurrido no es otra cosa que la prestación de servicios de resguardo policial, obtenidos bajo corruptelas, para una persona que requería de una imagen de poder para lucrar con el tráfico de influencias.

Existe, no obstante, otra hipótesis de trabajo. Óscar López Meneses habría recibido el resguardo policial –para su casa y la de su padre– por casi 18 meses para proteger a una persona, un equipo de trabajo o sistemas tecnológicos relacionados a la inteligencia y vigilancia política. En dicha conjetura, el apoyo policial sería un acuerdo entre el protegido –o su equipo– y las altas esferas del gobierno.

Como bien sostuvo Guillermo de Ockham a comienzos del siglo XIV, frente a distintas explicaciones sobre un hecho, suele ser correcta aquella que la explica de la manera más sencilla. Y, valgan verdades, la primera y la segunda se quedan cortas frente a la evidencia recabada hasta el momento. En otras palabras, persisten las interrogantes sobre qué es lo que realmente ha sucedido. Conforme avancen los días, y dado que ya poseemos una versión presidencial, es probable que la verdad sea cada vez más difícil de encontrar.

Es cierto que no tenemos una explicación clara y sencilla de lo que ha ocurrido; sin embargo, de ahí a plantear que se requiere de un adelanto electoral o de plantear la renuncia o vacancia presidencial hay un mar de diferencia. Exigimos, por ello, más prudencia en nuestras autoridades, así como una mayor investigación y transparencia para llegar a la verdad. Nuestra democracia no se merece menos.