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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@infonegocio.net.pe

El Parlamento está plagado de seres primarios, incapaces de procesar y de contener sus impulsos. Cuando la realidad no coincide con sus deseos o hay que destruir al enemigo ya no les funciona la capa pensante del cerebro, únicamente la reptiliana y la mamífera.

De la ira dan la espalda a los demás, gritan, insultan, mueven las 'garras' –manos–, adelantan la mandíbula como si fueran a morder, 'pechan' al enemigo teniendo otro que separarlos. También están los 'civilizados', que hablan para mentir, confundir y defender –como sea– sus intereses, abusando de las leyes para destruir al enemigo. Así tengan 100 maestrías, su aparato psíquico no puede contener la abrumadora tensión de la ira y drenan sus impulsos como si el recinto legislativo fuera su desagüe. No están enterados de que la función sustancial del pensamiento es ser la "barrera entre el impulso y la acción" (Bion).

No se enardecen por defender a las mayorías sino a sus jefes, financistas, empleadores o intereses partidarios o propios; odian a las autoridades anticorrupción y a los honestos. No dan puntada sin hilo. Dan vergüenza ajena.