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Refiriéndose al fujimorismo, ante la prensa extranjera y con una cara de pocos amigos, en momentos que criticaba cómo podía ser que un congresista de la bancada fujimorista (Juan José Díaz Dios) presidiera la comisión que investiga el caso Óscar López Meneses, el presidente Ollanta Humala no pudo aguantarse, le salió de los forros y sin medir las consecuencias. Una cloaca es una alcantarilla donde discurren pichi y caca.

Es verdad que, durante los diez años que gobernó Alberto Fujimori, la corrupción creció paralela a la privatización de las empresas estatales, la compra de armamento, las normas y leyes con nombre propio, etc.

Pero, aunque con distinta intensidad y forma, también sucedió lo mismo con los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y ahora el de Ollanta Humala que pone sus barbas en remojo, lo que es una vergüenza nacional para un país que dice buscar ingresar al club del Primer Mundo.

Esta frase oprobiosa contra la bancada del partido Fuerza Popular también podría extenderse al 47.5 % de los votantes que apoyaron en la segunda vuelta la candidatura de Keiko Fujimori en el 2011.

De otro lado, ¿en qué país democrático un presidente de la República quiere desautorizar la elección del presidente de una comisión congresal por pertenecer a un determinado partido?

Pareciera que el presidente Ollanta Humala está nervioso y no logra tener la calma y serenidad en estos momentos, cuando tres comisiones del Congreso, conformadas para investigar casos de corrupción, apuntan a buscar responsabilidad en las altas esferas del gobierno.

Se nota la ausencia de la maña aprista que, sin tener presencia en la megacomisión contra los 'narcoindultos', hasta ahora ha logrado neutralizarla, y también la del toledismo en el caso Ecoteva.

O, tal vez, tiene como objetivo polarizar contra el 'fujiaprismo' para abrirse un espacio confrontacional para las elecciones generales del 2016.