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El museo de museos de J. E. Bedoya

“Hay museos que son momentos de aprendizaje y exploración personal. Cápsulas que funden historia y fantasía”.

El museo de museos de de J. E. Bedoya

El museo de museos de de J. E. Bedoya. (USI)

El museo de museos de de J. E. Bedoya. (USI)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

Hay museos que dejan de ser museos para convertirse en malecones. Los visitantes pasean, se hacen retratos y van en la búsqueda de una buena anécdota que luego compartirán con sus amistades o seres queridos. Es verdad que a veces se traen una idea o cierta referencia museográfica. También hay quienes prefieren los libros de artistas a los museos. Las fotografías de las pinturas a las pinturas. Las tiendas de museos a los museos.

Hay museos que son momentos de aprendizaje y exploración personal. Cápsulas que funden historia y fantasía (bueno, son lo mismo). Máquinas del tiempo que multiplican las conexiones entre nuestras adormecidas neuronas. Hay museos que no son museos sino ambientes para jugar, experimentar, aprender jugando. Para ciertas personas bien serias e instruidas, dejan de ser museos porque no tienen vitrinas. Pero también son museos. Están vivos.

Los museos de mi vida se agrupan en los museos de aquí y los de allá. El museo de ciencias naturales de aquí con los mismos animales disecados de hace más de cuarenta años. Empolvados. Con esas miradas inmóviles aunque cada vez más tristes. O el museo de oro sin piezas de oro. O el bien puesto museo del antiguo Perú en la Bolívar (este es de colección). En cambio, los museos de allá son todos monumentales, están repletos de gente, siempre lucen como recién estrenados, sus museografías son irresistibles, etc. Los museos de aquí y de allá, sin embargo, tienen algo en común: personas que los recorren buscando no sé qué, pensando en no sé qué. Un museo sin curiosos no existe.

El artista J. E. Bedoya vuelve a salirse con la suya. Nuevamente, nos arrastra a uno de sus documentales de ficción. Instala un museo de ninguna parte y de todas las partes. Una vez que ingresamos a su nueva travesura, nos dispara a todas las salas de nuestras vidas. Las de aquí, las de allá y las de más acá. Porque así como hay un depósito de colecciones de cosas antiguas en cada ciudad, hay un museo en el hogar o la habitación de cada quien. Piensa en tu colección de llaveros. De latas de gaseosa. De máquinas de escribir. De soldaditos de plomo. De cámaras fotográficas antiguas. De imanes de ciudades. Piensa en esa colección de postales de obras de arte. De libros de museos. O en unas 179 imágenes de los museos de tu vida.

Museo. De Juan Enrique Bedoya. Curaduría de Sharon Lerner. Museo de Arte de Lima - MALI.

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