No parece descabellado comenzar a pensar en una coalición Muñoz-Velarde-GGG capaz de hacerle frente a la alianza Reggiardo-Belmont. Esta dupla no solo personifica la continuidad del castañedismo y del conservadurismo cavernario, sino que no trae una agenda urbana, plan municipal ni propuestas ejecutables desde un gobierno local.

No es que Muñoz, Velarde y GGG sean lo mismo, pero entre ellos tres hay muchas más similitudes que diferencias, lo que hace que dentro de sus nichos –que no son tan pequeños– se estén carcomiendo entre sí desde inicios de la campaña. Esa situación se ha hecho mucho más evidente los últimos días. Que alguno de ellos crezca a la escala que se necesita en los siguientes días, sin una base en expansión, no es imposible, pero sí complicado.

Otro tema es que la MML no requiere solo de gerencia, a lo que se suele reducir la tarea edil, sino que se necesita convicción y muñeca para asegurar que el cortoplacismo y los intereses de unos pocos no sigan aniquilando la posibilidad de un futuro mejor. Temas como movilidad, espacios públicos, uso de suelos y planificación, gestión de riesgos y desastres, comercio ambulatorio, gestión de mercados mayoristas y minoristas, o la mejora de condiciones de seguridad a través del mejoramiento urbano son asuntos esenciales que recaen sobre el alcalde de Lima. Ninguno de ellos es abordado por la dupla Reggiardo-Belmont, pero sí de forma muy similar por el trío Muñoz-Velarde-GGG.

Nada asegura que esto funcione, pero si no ocurre algo extraordinario que permita que alguna de esas tres candidaturas sea más reconocida, no descartaría esta coalición estratégica. Ante el acuerdo artero de Reggiardo y Belmont por recortar las posibilidades de otros candidatos para darse a conocer, no está de más pensar en medidas inesperadas.