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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Lo más grave, por su esencia moral, es que somos los humanos quienes, cegados por el miedo y la codicia, estamos escribiendo el argumento de ese drama.

Siendo inevitable el empobrecimiento de la naturaleza, esta obliga, simultáneamente, a reducir, de manera considerable, el número de su mayor depredador, es decir, nosotros.

Razonemos: los habitantes de un planeta con recursos finitos que disponen de ellos como si fueran infinitos, dentro de un imparable crecimiento demográfico, deberían, o bien regular esta variable o bien reformular los valores con los que justifican su conducción de la economía. Lo grave es que el esquema de pensamiento actual se apuntala sobre valores que conducen a la acumulación de riquezas en unos pocos y pobreza para sectores considerables.

La pobreza significa, no es necesario puntualizarlo, reducción considerable en la esperanza de vida. La llamada 'flexibilidad laboral' debilita, por la incertidumbre que crea, las respuestas de nuestro sistema inmunológico, y ello nos hace más frágiles aún. Si agregamos guerras en curso, desplazamiento forzoso de poblaciones, impotencia de la mayoría de los sistemas públicos de salud, contaminación de los alimentos, precio de las medicinas, etc., concluiremos que si no hay un plan deliberado para reducir los privilegios de la civilización a un grupo de elegidos, la realidad ya nos está conduciendo en ese rumbo.