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Muertos de pena

“El presidente quiere salir del tema Odebrecht, pero con su silencio se involucra cada vez más”.

Mariella Balbi

Muertos de pena. (USI)

Muertos de pena. (USI)

Muertos de pena. (USI)

Mariella Balbi
Mariella Balbi

Quienes estamos vejancones vemos con fastidio y hastío una nueva, aunque no lo es, discusión sobre la pena de muerte. Más aún cuando constitucionalmente queda claro que no procede porque hay tratados internacionales y es el enésimo intento de sancionar con la máxima pena a los violadores de menores. Alguien que violó a una bebé de dos meses probablemente no lo volverá a hacer, menos aún si recibe cadena perpetua.

Tanta grita sobre el tema solo permite una descarga de legítimo rechazo frente a un acto tan aberrante. Los gobiernos y la sociedad no buscan atacar el fondo del asunto y menos –no nos cansaremos de repetirlo– realizar campañas contra la violación que eduquen y promuevan nuevas conductas.

La pena, y sobre todo la preocupación, es que tenemos una reconstrucción sin cambios, lenta y debilitada. De retrasarse más, las proyecciones de la inversión pública se verán minimizadas también. Ya se ha producido un bloqueo carretero en Tumbes porque los damnificados quieren casa y su bono ya, ya. El norte se calienta. Nos distrae también del extraño trato que se está dando al caso Lava Jato por la Fiscalía y el Poder Judicial. El primero actúa como en un coto de caza y con una absoluta discrecionalidad. No sabemos en qué van ni adónde conducen las investigaciones. Sí vemos que Odebrecht está más cómoda que en otros países, no paga a sus proveedores, no vende nada y encima nos enjuicia internacionalmente.

De Toledo “desconocemos mayormente” si el expediente está aquí o allá, es casi un “dulce o truco” (‘trick or treat’). De la gestión municipal anterior tampoco sabemos nada, pese a que hay delaciones premiadas señalando que se envió dinero para la campaña contra la revocatoria. Silencio. Jueces y fiscales enfrentados, marcando su territorio celosamente. Y una Fiscalía ávida de perderse en la farragosa investigación de organizaciones criminales que en realidad son el aprismo, Alan García en concreto, y el fujimorismo.

El presidente quiere salir del tema Odebrecht, pero con su silencio se involucra cada vez más y con ello crece el temor de que lo habita: la vacancia del cargo. Nadie en su sano juicio quiere que se trunquen los cinco años de gobierno, pero tampoco se puede dejar de indagar cómo así se aprobó esa carretera Interoceánica tan rápido y tan vehementemente. Al parecer, el censo es de dudosa calidad y no sabemos el final de esa historia.

La premier irá al Congreso para que le aprueben decretos de urgencia, pero estamos en otra dimensión, discutiendo con ardor si sancionamos con la muerte a los violadores. Afortunadamente, el increíble sainete del regalo de un lapicero al presidente de la Comisión de Ética se aclaró, aunque duró su tiempo.

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