La muerte

Clausuran crematorio clandestino en La Victoria

Clausuran crematorio clandestino en La Victoria

La muerte

Municipalidad de La Victoria

Susel Paredes
Susel Paredes

En un barrio bravo, el jirón Lucanas es una callejuela estrecha en La Victoria, transitada por taxis y buses que forman atracones durante todo el día para pasar, la presencia de lujosas carrozas y una larga chimenea metálica que emanaba humos pestilentes alarmó a los vecinos.

El macabro desfile diario puso en alerta a la Junta Vecinal que hizo la denuncia de inmediato a Fiscalización. Atendiendo a la Junta Vecinal, los fiscalizadores llegaron y se quedaron con la boca abierta, alucinados frente a los féretros apilados, y las carrozas negras impecables, que proveían a un enorme horno de metal para cremar cadáveres.

En los alrededores del jirón Lucanas se encuentran el hospital Almenara, varias clínicas y, cruzando la avenida Grau, la morgue y un poco más allá, en Barrios Altos, la Maternidad de Lima y el Hospital 2 de Mayo; por lo tanto muere gente y se constituye un gran mercado que ofrece servicios funerarios de todo tipo: trámites, cajas mortuorias, alquiler de velatorios, atención de deudos y la capilla ardiente, venta de nichos y servicio de crematorio. Los crematorios tienen una normativa especial y deben estar en los cementerios o en un local de más de 10,000 metros y el establecimiento que encontramos no llegaba a los 400 metros y no contaba con ningún servicio que la ley exige.

El crematorio de Lucanas era clandestino, y habrá desaparecido entre llamas sabe Dios cuántos cadáveres humanos.

Resulta increíble que sea tan sencillo desaparecer un muerto, en esta época de feminicidios, asesinatos por encargo y ajustes de cuentas. La existencia de un local de esta naturaleza es un peligro total, un desafío a la autoridad y un afán de lucro que supera toda mínima esencia de ética.

Ahora está clausurado, pero me inquieta pensar si alguno de los cadáveres que ardió en llamas pudiera haber sido producto de un asesinato.

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