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Si repasamos los últimos días en la política nacional, nos llevamos la certeza de que nos tratan como idiotas. El congresista del PPC Juan Carlos Eguren intenta dar clases de ginecología en casos de violación. Sus argumentos deleznables quieren "probar" que una mujer violentada no va a estar en el dilema de abortar o no. Confunde, no sé si deliberadamente, lubricación (que la produce el placer del sexo) con "moco vaginal" para asegurar que, como resultado de una perversión de esa naturaleza, no hay embarazos. La cereza de la torta la ponen Lourdes Flores, que el silencio le hubiera quedado mejor, y Castro, como presidente de ese partido.

En el Congreso la 'embarrada' no ha sido menor. Solórzano finalmente firmó la suspensión de Yovera. Esto ocurrió después de la trifulca que se armó por su obsecuencia con Nadine. Pudo haberse ahorrado la vergüenza de evidenciar las artimañas palaciegas para evitar perder un voto para la próxima Mesa Directiva. Pero ahí no quedó la cosa. El suspendido congresista Heriberto Benítez, vinculado a la red de Álvarez, hizo su show cuando sesionaba el Consejo Directivo que determinaría luego la expulsión del ex fujimorista Yovera. Con esa sonrisa cínica, festejada por despistados, Benítez quiso frustrar la sesión.

Un tercer episodio que también pretendió desviar la atención de la ciudadanía fue la aparición de nuestra "excelentísima" primera dama vestida de campesina, con discursos encendidos. Los trajes son elegantes, no hay duda. Pero quienes se los ponen con la finalidad de cambiar una percepción de frivolidad y sospecha, nos pone en alerta. Una vez más parece que quieren tomarnos por "dummies". Los políticos siempre cargarán niños, se pondrán ponchos y se vestirán con trajes típicos. Lo que tenemos que hacer los ciudadanos es exigirles que no nos tonteen. Eso es lo que está tratando de hacer doña Nadine con su traje puneño y su tono de víctima. Cuidado.