Laberinto viral
Laberinto viral

Hoy debemos sobrepasar las 1,000 muertes (cifras oficiales) en el país. Estimaciones no exactas como con franqueza ha dicho Pilar Mazzetti, jefa del Comando COVID, que asegura que “se está comprando tiempo” y que no se sabe cuándo “coronaremos” el pico de los contagios de este maldito virus. Pero lo que sí sabemos es que las fuerzas y la paciencia se agotan, mientras que el hambre arrecia. El gobierno sigue esforzándose pero parece estar quedándose sin ideas. Esta vez es la fuerza informal la que se quedó sin empleo de la noche a la mañana. El “recurseo”, el trabajo independiente y sin protección laboral, el subempleo, se evaporó en la cuarentena.

Los municipios recibieron los S/200 millones para canastas de alimentos de primera necesidad. Llegaron en parte, otras llegaron mermadas, otras nunca llegaron y en el peor de los desprecios por el vulnerable, llegaron con latas de atún con gusanos, como pasó en San Juan de Lurigancho, o con hongos, como en Oxapampa. El alcalde de Lima, Jorge Muñoz, dice bien que no hay una coordinación entre el Ejecutivo y los gobiernos locales. En ese sentido, ¿cómo se logra territorialmente cercar al virus? ¿Cómo cercar geográficamente la epidemia? Se sabe que San Juan de Lurigancho es el de mayor casos de contagios. ¿Cómo se coordina y se utiliza data como esa para aterrizar una metodología más selectiva y efectiva para cerrar el paso a la multiplicación de los contagios? Las medidas ya no pueden ser generales, el Ejecutivo debe trabajar mano a mano con alcaldes para entrar con mayor agresividad allí donde se ha vuelto inmanejable la respuesta sanitaria. De otra manera, los números en bolsas negras seguirán creciendo de manera infinita y cada esfuerzo nacional solo alargará agonías y provocará otra muerte: La económica.