Una mirada al oriente

“El ombliguismo limeño quita demasiada atención a las regiones. (...) En 2017 hubo una sonada intervención en la misma zona llamada Mercurio I, pero salvo el ruido del momento, nada se transformó”.

FAP

Las imágenes fueron captadas en el espacio aéreo de las provincias de Tambopata y Manu principalmente. (Foto: FAP)

Las imágenes fueron captadas en el espacio aéreo de las provincias de Tambopata y Manu principalmente. (Foto: FAP)

Augusto Rey
Augusto Rey

La intervención en Madre de Dios es clave para revertir la destrucción que la minería ilegal está sembrando en el oriente peruano. Solo en La Pampa, donde se concentra esta nueva acción, se cree que hay más de cinco mil mineros ilegales, sumado a un número fluctuante de comerciantes dedicados a otros negocios que sirven de brazo logístico a la minería ilegal.

La Pampa es un territorio de cerca de 70 mil m2 que antes fueron parte de un bosque virgen al borde de la reserva de Tambopata. Con los años no queda nada de eso. Hoy es un infierno de desolación y contaminación, además de ser el más grande centro de explotación sexual y trata de personas del país, algo que el portal Ojo Público ha reportado bien en una serie de notas que muestran la ruta del engaño que arrastra a chicas víctimas desde el Cusco y Madre de Dios.

Es el resultado de décadas de inacción. El ombliguismo limeño quita demasiada atención a las regiones. En 2009, el periodista Ricardo León, en una investigación publicada en tres tiempos por El Comercio (“Selva que se muere en oro”, “El oro que no hizo rico a un pueblo” y “La epidemia del oro que se expande”), registró el universo de ilegalidad, contaminación y delincuencia que ya estaba ensombreciendo esa zona del Perú. Todo estaba cantado, pero desde ahí poco ha pasado. En 2017 hubo una sonada intervención en la misma zona llamada Mercurio I, pero salvo el ruido del momento, nada se transformó. Esta nueva operación también está bautizada bajo el nombre de Mercurio. ¿Será la revancha?

Además, esta es una prueba de fuego para la gestión Vizcarra. Luego de la operación militar y policial, el Estado tiene que entrar con todos sus servicios para sembrar desarrollo y ahí sabremos si el Gobierno está en capacidad de convertir su aprobación popular en acción efectiva.

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