(Foto: PCM)
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Los códigos penales suelen contemplar como agravante que los delitos se cometan durante la noche. Las víctimas son más vulnerables, hay desatención de quienes podrían socorrerlas y los victimarios tienen facilidades para actuar y no ser atrapados. De un tiempo a esta parte, la oscuridad acompaña también algunas sesiones del Congreso.

Tal ha sido el caso de la sesión de amanecida con motivo de la presentación del gabinete Cateriano para solicitar la confianza. La Constitución regula esta obligación cada vez que un nuevo presidente del Consejo de Ministros asume funciones. La idea es propiciar la colaboración Ejecutivo-Legislativo, antes que generar un enfrentamiento. El gobierno expone la política general y las medidas que requiere. Y los congresistas las debaten, con críticas y sugerencias.

Pese a que el poder emana del pueblo y debe ejercerse de cara a él, el Parlamento no suspendió la sesión para retomarla a hora decorosa y así facilitar el acompañamiento ciudadano y periodístico. Se prefirió la clandestinidad. Mientras dormíamos, los y las titulares de Economía, Salud, Educación, entre otros, respondían intervenciones de los congresistas. No se consideró absurdo que esta información valiosa se brindara entre 3:00 y 6:00 a.m. Finalmente, por primera vez en la historia, se negó la confianza a un gabinete con tres semanas en funciones.

El acto irresponsable afecta al gobierno en plena crisis sanitaria y económica. El camino sensato era claro: dar la confianza y, posteriormente, interpelar y censurar a quienes mostraran deficiencias. ¿Por qué no se siguió? Valentín Paniagua sostenía que el rechazo de la publicidad y transparencia conlleva “una gruesa sospecha sobre sus motivos”. Se habría privilegiado intereses particulares (el poder invisible, según Bobbio) vinculados a la contrarreforma universitaria, antes que el bien común. Visto así, el debate oculto no parece ser casualidad. Y sí una prueba más de que la oscuridad es mala para la democracia.