“Para mi 28”

"El 26.7% de limeños cree que la corrupción es uno de los principales problemas de la ciudad, según la encuesta Lima Cómo Vamos".

Ventanilla: Policía va a la cárcel por coima. (USI/Referencial)
Mariana Alegre
Mariana Alegre

Yo nunca he coimeado. Bueno, nunca he coimeado intencionalmente. Una vez, hace quince años, un policía de la comisaría del distrito donde vivo se "ofreció" a hacer el trámite él mismo del documento municipal que me hacía falta para sacar un permiso de mudanza. Sorprendida, le dije: “No se vaya a olvidar de pagar el documento, ¡ah!”. Sonrió extrañamente. Le di las gracias y me sentí suertuda de que me haya tocado un policía tan amable. Me fui caminando. Varias cuadras después, me di cuenta de qué era lo que había pasado. El amigo con el que estaba no dejó de reírse de mí por lo tonta e ingenua. Creo que esa fue mi primera interacción con la autoridad en mi vida adulta.

Descubrir la pendejada sin querer queriendo y haber sido cómplice de ella me generó una sensación de bronca y fastidio, pero también de vergüenza y tristeza. La inocencia que me quedaba construyó una coraza para que no vuelvan a humillarla. "Para mi 282 es una de las frases que disfrazan el pedido de coima cuando se acercan las Fiestas Patrias. Suele salir de la boca de policías que quieren asegurarse de pasar un bonito feriado, pues su sueldo no les alcanza y/o sus valores no existen o porque, simplemente, así funciona. Así funciona. Y muchos, sabiendo que así funciona, entregan billetes para que les perdonen el manejar borrachos, el no tener brevete, que les acorten la pena o los declaren inocentes.

En un contexto de crisis judicial y política, escuchar el mensaje del presidente Vizcarra genera en mí un atisbo de esperanza. Mi corazón progresista se emociona cuando se nombra a las víctimas de violencia de género y cuando se pide acabar con el machismo. Sobre todo, cuando se plantea mano dura contra la corrupción. Esa corrupción que se refleja entre abrazos de hermanones y llamadas a escondidas.

De hecho, el 26.7% de limeños cree que la corrupción es uno de los principales problemas de la ciudad, según la encuesta Lima Cómo Vamos. Y, quizá por el escándalo de Odebrecht del año pasado, ha disminuido el porcentaje de aquellos que están de acuerdo con pagar una pequeña coima para acelerar un trámite municipal (de 18.7% en 2010 a 5.7% en 2017).

Mientras tanto, los corruptos siguen haciendo lo que saben hacer, solo que ahora tienen un poco más de cuidado. Intentan dejar menos rastros, disfrazan sus intenciones, seguro les tomará más tiempo llevar a cabo sus tretas, pero no cambiarán sus hábitos porque los hayan desenmascarado. Al contrario, lograr que esa corrupción sea una excepción requiere un gran esfuerzo por parte de los ciudadanos, pero también tiene que ver con el tipo de institucionalidad y la confianza que logremos (re) construir. Eso lo debe promover un líder. ¿Será capaz el presidente Vizcarra?

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