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Adolfo Guevara,Opina.21aguevara@peru21.com

Sabemos que se puede tener algo elevada la glucosa, pero jamás una hipoglucemia, pues produce daño cerebral irreversible. Sus beneficios se conocieron entre los años 40 y 50, épocas en las que reapareció el interés por usarla. Esto seguramente motivado por el descubrimiento de la insulina en los 20. En 1972 se autorizó su uso en Canadá; la FDA la aprobó en 1995. No se sabe cómo actúa, pero sí que regula la glucosa a los diabéticos tipo II. Se supone que retarda el proceso por el cual el cuerpo produce glucosa y reduce la absorción de esta por el intestino. No descompensa al paciente y disminuye la producción de colesterol y de triglicéridos. Los efectos no deseados son nauseas, vómitos y diarreas, que desaparecen a la semana de tratamiento. Se empieza con dosis muy bajas.