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Fritz Du Bois,La opinión del directorPedro llevaba días esperando un trámite en el Ministerio de Trabajo, por lo que estaba dormitando sentado. De pronto empezó a sentirse extraño y al cabo de un rato se dio cuenta de que se había transformado en un gigantesco escarabajo.

Sin embargo, nadie alrededor pareciera interesado con su transformación, así que se arrastró hasta el mostrador. Al llegar a él pudo cruzar la ventanilla que durante días había estado mirando con ojos desganados. Así, finalmente, pudo pasar al otro lado donde descubrió que el lugar estaba poblado únicamente por escarabajos que parecían paralizados. Así que simplemente se les unió y hasta el día de hoy nadie lo ha notado.

La historia de Pedro no sorprendería a nadie que haya pasado el vía crucis de hacer un trámite en el Estado peruano. En nuestro bizarro mundo burocrático nunca se cumplen plazos ya que estos son fijados en función al temor que tienen los funcionarios a decidir algo. Mientras que los procedimientos administrativos que han diseñado son exprofesamente kafkianos con el solo fin de desalentar a los ciudadanos a iniciarlos. Pero si en todo caso alguien decide realizarlos, entonces entra al laberinto y queda atrapado.

En realidad, nuestro país tiene un Estado totalmente desproporcionado si consideramos la pésima calidad del servicio que se le brinda al ciudadano. Al final, por el millón de empleados públicos que los contribuyentes financiamos recibimos a cambio la peor educación pública en la región, un creciente nivel de inseguridad y una displicente atención.

Por ello, en lugar de que el aparato estatal siga creciendo, se debería reformar el que ya tenemos introduciendo controles e incentivos para asegurarle un buen trato al ciudadano. Esa es la verdadera revolución del Estado que, por facilismo o temor, ningún gobierno ha iniciado.

Así que Pedro seguirá esperando con los otros escarabajos, mientras su expediente sigue siendo 'procesado'.