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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Porque a uno le puede caer mal, pésimo y re-pésimo don Alan García Pérez. Lo que no puedes es menospreciarlo. Si alguien conoce los vericuetos, los recodos y las corrientes que te lleven hacia la fuga perfecta es él. Y no solo se conoce el plan a la perfección; conoce cómo revertirlo en un ejercicio de jiu-jitsu judicial que pronto pondrá a don Sergio Tejada, de alguna manera, a la defensiva. Ya lo verán.

El primer error de los antiapristas es pensar con el hígado y no con el cerebro. Por supuesto que los narco-indultos emanan olores putrefactos; y algunos de ellos se encuentran ligados –vía rúbricas– al exmandatario. Tal es el caso, por ejemplo, del capo colombiano Edwin Valenzuela (aquél que "merecía otra oportunidad"), excarcelado en el 2010 y quien acaba de ser detenido luego de sacar casi 5,000 kilos de cocaína al extranjero. No es pues, por donde se le vea, un bandido de poca monta.

Entonces, existiendo más de 400 casos identificables con el narcotráfico sobre los más de 5,500 indultos otorgados en el quinquenio, era cuestión de paciencia y de diligencia para llegar a la verdad. Sin embargo, y a sabiendas de las capacidades del exmandatario y sus compañeros, la megacomisión optó por el protagonismo y la figuración, creyendo que con insultos y el uso de las redes sociales pondrían años de experiencia en el fogón.

Ahora que la principal apuesta se cae, y con ella parte importante de los avances de la megacomisión, será más que difícil establecer una conexión, menos aún intentar la ansiada inhabilitación política que, estamos seguros, se buscaba. Como dice el dicho, el único lugar donde el éxito llega antes que el trabajo es en el diccionario. La megacomisión tendrá que retroceder si quiere avanzar y no ser neutralizada en el camino.