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Economista

Escuchando los discursos de la CADE, me sorprende que ahora el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sea el malo de la película. Pareciera que el MEF se ha convertido en un personaje siniestro y mal intencionado que tiene tal poder que impide el crecimiento y desarrollo del país. A la misma vez, todos alababan nuestra estabilidad macroeconómica, que ha sido responsabilidad del MEF en los últimos 25 años y decían que la iban a sostener, aunque algunos amenazaron con que no les temblaría la mano para endeudar al país o que iban a hacer obras monumentales como trenes bala o incrementar el gasto corriente.

El MEF es una institución formada por servidores públicos que aprendieron a ser prudentes en el gasto y en la inversión, y también en el nivel de endeudamiento, tratando de conseguir el grado de inversión para el país. Estos funcionarios dependen de la política que dirige el ministro, quien, a su vez, sigue las directrices de política del gobierno de turno. Es su responsabilidad mantener el equilibrio fiscal y el crecimiento sostenido. Como funcionario del MEF sabes que la torta es de un tamaño y las prioridades de política te indican cómo asignar mejor buscando mayor impacto en el bienestar de corto y largo plazo. Tienes que ser un orquestador de políticas, no está en tus manos el diseño, pero sí un seguimiento de la asignación presupuestal para asegurar su cabal funcionamiento.

Creo que varias de las herramientas de planificación y control de los recursos pueden ser mejoradas, pero en el mundo nos reconocen por tener un modelo que permite seleccionar proyectos de inversión que sean rentables social y económicamente; mucho por mejorar, simplificar y facilitar sí, pero no se necesita un ministro con zapatos sucios, sino con sensibilidad social y política y, sobre todo, con capacidad de gestionar procesos ágiles y de rápida respuesta.

Varios ministros que pasaron por allí lo comprendieron y ejecutaron así; podemos mencionar por ejemplo la normativa de APP que sin duda es perfectible, pero que nos asegura que no se incrementen las contingencias fiscales que al final pagaríamos todos los peruanos. También tenemos programas como obras por impuestos, que han funcionado en estos últimos años y podríamos ampliar a modelos como los bonos sociales. También tenemos procesos de adjudicación de proyectos muy transparentes, donde el MEF juega un rol en la calidad del diseño. En fin, la gestión del MEF puede mejorar, pero no es el cuco que nos quieren pintar.