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Perú en los últimos años ha sabido posicionarse en el imaginario del turista internacional y nacional como un lugar exótico y atractivo para visitar. Nuestra iniciativa de una Marca País es reconocida entre las mejores de la región y la labor de Promperú en promoción del turismo es efectiva. Nuestro país tiene múltiples recursos turísticos alternativos al principal, Machu Picchu, pero todavía no podemos considerarlos productos turísticos en plenitud pues no hemos hecho la inversión necesaria para lograrlo.

Hace algunos años exploramos las rutas turísticas con mayor potencial y los estudios técnicos nos mostraban que las inversiones públicas para hacerlas accesibles, con buena señalización y servicios básicos, podrían tener tasas internas de retorno económico y social cercanos al 14%, superando el límite requerido por el SNIP. Con eso, estos recursos se podían convertir en atractivos turísticos y convocar la inversión privada para tener productos turísticos que se podrían promocionar en el mercado interno y en el externo, ávidos de nuevos destinos.

Estas inversiones requieren el involucramiento de sectores como Transporte, Salud, Cultura, Ambiente, Interior por el tema de seguridad, y del compromiso de las autoridades locales y regionales. Lograr consensos alrededor de un sector como el turismo no es difícil; además de ser una fuente importante de divisas, es también generador de empleo por ser rápidamente calificado y vinculado con otros sectores como la agricultura y la industria.

Debemos estar dispuestos a innovar y ser socios de los sectores público, privado y la sociedad civil, con un planeamiento de intervención estratégica en nuestros recursos turísticos. En nuestro país existen emprendimientos muy novedosos en los que las propias comunidades administran reservas ambientales de manera privada y son un ejemplo de manejo ecológico y turístico. También en cuanto al patrimonio cultural, la propuesta del Ministerio de Cultura para una gestión privada no es descabellada, la propusimos en nuestro momento; con buenas reglas como una asociación público-privada o un patronato se puede poner en valor nuestro patrimonio y generar recursos para las comunidades involucradas y así evitar su deterioro. Países con patrimonio cultural menor al nuestro promueven estas intervenciones y generan resultados en las cifras de turismo y el PBI. Podemos hacer una política cultural y turística que amplíe las fuentes de crecimiento.