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Me encuentro en Mérida, en el Startup Weekend para mejorar vidas, uno de muchos laboratorios de ideas que están dándose en simultáneo en toda América Latina y el Caribe, apoyados por el BID. El entusiasmo de los jóvenes, la mayor parte entre 20 y 35 años, nos conmueve. No solo porque están ideando proyectos empresariales que eventualmente les podrían ofrecer ganancias y una forma de vida, sino que lo hacen pensando en dar soluciones a problemas concretos de la población, que usualmente esperamos sean dadas por el sector público.

Ideas que van desde salud, transporte, educación, hasta seguridad son en este momento desarrolladas por jóvenes de nuestra región, gracias a la tecnología y la capacidad de trabajar en red con otros jóvenes. La ciencia y la tecnología al servicio de poblaciones usualmente marginadas se presentan como innovación en estos espacios.

Nos quejamos de que nos quedamos atrás frente al mundo desarrollado, porque no invertimos adecuadamente en la formación de nuestro recurso humano ni en innovación, y es cierto que esto sucede, pero no solo es cantidad sino calidad y también innovación, con la mayor eficiencia y eficacia posible. Hoy la tecnología nos permite adoptar estos cambios a menor costo. Basta fomentar el desarrollo de iniciativas que luego caminan solas, ya son conocidas las iniciativas que suceden fuera de la región y que cotizan a altos precios en bolsas internacionales; pero en la nuestra tenemos casos que surgieron de estos laboratorios como Julio Profe, una iniciativa colombiana para llevar las matemáticas a millones de niños a través de YouTube, o Easy Taxi, que surgió en Brasil para encontrar una solución de movilidad en las grandes ciudades, las máquinas expendedoras de alimentos de Algramo en Chile en espacios urbanos pobres y Laboratoria en el Perú, que forma a mujeres jóvenes excluidas a que sean parte de un mercado alta de demanda, como es el de desarrolladoras de software, entre otras iniciativas que cubren vacíos que nadie atiende.

Es el momento de fortalecer el ecosistema innovador y emprendedor que no sea el clásico apoyo al autoempleo de subsistencia, sino que sea generador de empleo y que crezca con fortaleza. Y tiempo también de conectar las startup con los inversionistas y facilitar el proceso con un marco legal que permita estas alianzas entre lo privado y también con el sector público.