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Mentes quijotescas

Italia: Maestra que habría violado a su alumno de 13 años de edad quedó embarazada. (Getty)

Italia: Maestra que habría violado a su alumno de 13 años de edad quedó embarazada. (Getty)

Roberto Lerner
Roberto Lerner

Capacidades de control y planeamiento, voracidad por novedad y extremos, gusto por la confrontación e incursión en territorios ajenos, alta sensibilidad a la presión social y niveles hormonales fluctuantes, definen el cerebro adolescente. Pero también la capacidad de detectar pesares e injusticias que desencadena cruzadas y compromisos que dan sentido a la vida.

El adolescente está siempre representando su papel en un escenario que lo tiene como actor principal frente a una audiencia universal que necesita a ese y no otro héroe para enfrentar molinos de viento, sin tener al pesado de Sancho Panza en el cerebro.

Egocentrismo que interfiere con el bien que quieren hacer, como cuando no ven ninguna contradicción entre los objetivos de la manifestación por un medio ambiente sostenible y el chiquero que han dejado. ¡Tanto no entra al mismo tiempo en ese cerebro militante, menos si Rocinante ya inició su atropellada carga contra los molinos de viento!

Y en esos emprendimientos y tormentas motivacionales se va forjando un proyecto personal que se desmarca de convenciones y tradiciones; y un acervo de experiencias que, mucho más que números y palabras aprendidos en la escuela, fortalecen las habilidades sociales que importan para ser un adulto funcional y razonablemente feliz.

Nada de ello descarga a los adultos de su obligación de poner límites, mostrar orgullo de por lo menos una parte del orden establecido, hacer saber que no todo es posible ni aceptable. Y recordar que frente a un adolescente el que se pica pierde y nunca hay que tomar las cosas de manera demasiado personal.

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