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César Gutiérrez,Uso de la palabraAnalista

Las afirmaciones irresponsables del proselitismo electoral devienen en un gobierno en dos posibilidades: se incumplen o se cumplen a cualquier costo. Aserto válido universalmente que lo está poniendo en práctica el autotitulado gobierno familiar del matrimonio Heredia-Humala.

Una de las promesas fue la masificación del gas natural (GN) y para honrar la palabra, recientemente se ha otorgado la concesión de distribución por redes, abastecidas con gas natural licuado transportado desde la sureña planta de Pampa Melchorita y regasificado en cada una de las siete regiones involucradas, cuatro en el norte: Ancash, Lambayeque, La Libertad y Cajamarca y tres en el suroeste: Arequipa, Moquegua y Tacna. Este hecho ha sido materia de un gran despliegue mediático gubernamental. Yo discrepo, pienso que hay más que lamentar que celebrar.

El tema de fondo es la distorsión al introducir un precio diferenciado del GN para los operadores, favorable a los concesionarios y anticompetitiva para los otros, que llamo independientes. Los segundos adquirirán la molécula del energético 119% más cara que los que ganaron la concesión. Este hecho en un país que se precia de respetar las reglas del libre mercado es inadmisible. Hoy en Lima, el concesionario Cálidda, recibe el GN al mismo precio que cualquier empresa que se dedique a comprimirlo o que tenga proyectos de licuarlo. Hay evidentemente descuentos por volumen, pero eso no conlleva a una diferencia del orden mencionado.

Lo peor de todo es que la salida al intríngulis creado no es tan sencilla como la de nivelar precios a la baja, el suministrador de gas licuado, Perú LNG, de la angloholandesa Shell, daría el grito al cielo con toda razón, pues habría una avalancha de pedidos que le restaría volúmenes destinados a la exportación. Salidas hay, pero no serán de fácil estructuración. Moraleja, cuando una promesa ha sido demagógica mejor dejarla para el olvido a pesar de la crítica.