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Lucía de Althaus,Opina.21

En la actualidad, la función del padre en la familia está subvalorada. Las madres tomamos toda la organización del hogar y crianza de los hijos, y los padres se están limitando a ser proveedores. El resultado son familias en donde la madre nutre, protege y, también, pone límites y organiza. Y, además, trabaja. Es decir, hace las dos funciones que tradicionalmente se han catalogado como la femenina y la masculina. Todo esto ha ido convenciendo a las padres de que no son tan necesarios en la educación de los hijos, pues la madre lo hace muy bien. Pero esto no es correcto, los niños sí necesitan y anhelan la mirada contundente de un padre presente. La relación con un padre fuerte que pone orden con amor, que separa a los hijos de la sobreprotección de la madre y frustra cuando es necesario con paciencia y cariño, es un padre que enseña la fuerza de la disciplina, el orden, el valor del trabajo y la posibilidad de integración a la vida adulta con independencia. Todos estos son valores absolutamente necesarios para crecer individualmente y en sociedad.