(Foto: GEC)
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Ayer se cumplieron 485 años de la fundación española de Lima. Sin embargo, como bien nos ha hecho notar Javier Lizarzaburu a través de su campaña Lima Milenaria, nuestra capital estaba habitada mucho antes de que llegaran los europeos. Y continuó creciendo conforme llegaba gente de diversas regiones del mundo. Es su gente, tremendamente diversa, la que la sostiene a pesar de todo. Hoy que Lima se ha configurado como una ciudad que no solo refleja nuestra peruanidad –sino que también goza de la salsa venezolana y demás migraciones que siempre enriquecen–, corresponde entenderla y respetarla tal cual es, pues esa diversidad es su esencia y lo que es nos refleja a todos quienes la vivimos, gozamos y sufrimos. Lima somos nosotros. Nosotros somos Lima.

Lima lleva demasiado tiempo sin que le pase nada extraordinario. Nada que la pueda transformar en esa Lima que queremos. Es más, parece que todo lo que le ocurre le hace daño, le hace mal. Por ejemplo, los bypass que le cortan el cuerpo ahí donde no necesita, como una intervención quirúrgica dañina, o las invasiones, que continuan y continuan sin parar, trepando cerros, pisoteando lomas, ocupando quebradas. Las ausencias dolorosas, como las de la gestión de riesgos de desastres o la de la vivienda social. O los atrevidos que quieren aprovecharla, “planificadores urbanos” que quieren extender Lima ahí donde no hay ni lugar y se cuelan en espacios que deberían ser de todos para volverlos solo de ellos.

A Lima hay que protegerla. Pero para proteger algo tenemos que quererlo y aún no somos tantos los que estamos enamorados de ella. Sí, somos más que unos años atrás. Muchísimos más, y eso es fantástico, pues a cada afrenta somos más los que gritamos y somos más los que nos unimos para evitarle más daño. Aunque siempre hay algunos que, en vez de sumar, prefieren levantar su propio protagonismo y ni cuenta se dan de que no solo restan sino que hacen el ridículo.

Pero por suerte Lima es generosa y sabe perdonar. ¡Caray, si nos perdona todo! Las autoridades presas, las ladronas y las apáticas. Nos perdona las toneladas de basura y el humo que le echamos; nos perdona las ciclovías que matan árboles y las autopistas que matan personas; nos perdona el desinterés y la indolencia, y te perdona todas esas veces que le dices que la odias. Te perdona siempre, aunque no lo merezcas. Aunque no lo merezcamos. Lima parece gris, pero está repleta de colores. Déjala que brille y verás cómo se iluminará tu vida. Lima necesita cómplices, compañeros, amigos y amantes. Lima necesita aliados y socios. Amor de padres y de hermanos. Seamos limeños y limeñas de corazón, es lo menos que podemos hacer por quien nos ha acogido durante tanto tiempo.

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